Una cita con la verdad

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Ficha técnica de la película:

Título: El precio de la verdad (Shattered Glass)

Año: 2003

Duración: 95 min.

País: Estados Unidos

Director: Billy Ray

Reparto: Hayden Christensen, Peter Sarsgaard, Chloë Sevigny, Steve Zahn, Hank Azaria, Rosario Dawson, Melanie Lynkskey…

Productora: Lions Gate Entertainment

Un periodista no debe faltar a su cita con la verdad a la hora de informar a su público. Pero no siempre y no todos ellos cumplen con este deber. Hay quienes, cegados por las ganas de destacar del resto y/o de intentar llegar a la fama, falsean e inventan fuentes y reportajes. Mienten hasta la saciedad, consiguiendo únicamente hundir su carrera profesional… y desprestigiar al medio para el que trabajan.

La película “El precio de la verdad” se basa en el caso de Stephen Glass, quien no dudó en falsear -total o parcialmente- más de veinto de los 41 artículos que había escrito para The New Republic. Este joven periodista no dudaba en inventar fuentes, datos, lugares y hasta eventos, adornados con todo lujo de detalles para escribir sus artículos si con ellos iba a conseguir lo que tanto ansiaba: reconocimiento.

Varias organizaciones y comités sospecharon de la veracidad de estas historias. Hubo quienes, incluso, acusaron al propio Glass de haber encontrado falsedades en ellas. A pesar de ello, Glass continuó con sus invenciones, sin pararse a pensar que, si lo descubrían, su vida podría derrumbarse…

Hasta que escribió “Hack Heaven”, artículo con el que se consiguió descubrir la verdad de sus mentiras. Esta historia trataba de un hacker de 15 años, supuestamente contratado por una gran compañía después de que el joven hubiese accedido a su sistema informático. Stephen Glass nuevamente adornó este relato, inventando un evento al que decía haber asistido.

Adam Penenberg, reportero de la edición digital de la revista Forbes, leyó dicho artículo poco después de su publicación y comenzó a hacer sus propias investigaciones. No encontró signos de la existencia del evento que Glass inventó, ni de la empresa que supuestamente había contratado al joven. Ni rastro tampoco de los testimonios y las fuentes citadas en él. Nada.

Cuando Penenberg y Forbes plantaron las conclusiones de tales investigaciones a The New Republic, Glass se excusó, dijo que lo habían engañado. Charles Lane, director de TNR, comenzó a sospechar y a investigar. A pesar de las “largas” que Glass le daba, Lane consiguió llegar al fondo del asunto y descubrir que aquellas publicaciones eran falsas.

Otros medios en los que Glass escribía como Rolling Stone, George o Harper’s, inspeccionaron sus textos al conocer el asunto. Aunque en menor medida, en ellos también echó mano de la imaginación.

El caso de Stephen Glass no es el único. En los 80, Janet Cooke, ex-periodista de The Washington Post publicaba el reportaje “El mundo de Jimmy”, totalmente falso. Por él llegaron a concederle un premio Pulitzer, que devolvió cuando se descubrió toda la farsa. Jayson Blair, que trabajaba en el famoso The New York Times, ideaba sus noticias con “retales” de otras. Lo mismo ocurrió con Jack Kelley, del USA Today.

b) Razonar cinco conclusiones críticas respecto al caso de Stephen Glass y New Republic.

¿Un medio puede confiar ciegamente en las plumas o teclas de sus redactores? ¿Y sus lectores? Se supone que los periodistas verifican todas sus fuentes y datos antes de publicar un texto, pero ¿y si esto no pasara? La información siempre se puede contrastar con la de otros medios.

Aun así, la reputación del medio resulta dañada, y los lectores, a los que hay que ofrecer una información clara, precisa y veraz, podrían dejar de leer nuestros textos.

c) ¿Rigor, verificación y buen periodismo son sinónimo de medios tradicionales?

Tanto si se escribe en un medio digital o en prensa escrita como si nos servimos de la palabra hablada (radio) o la combinamos con la imagen en la televisión, la información ha de ser veraz antes de difundirse.

“Aquí no toleramos los errores y cuando los descubrimos no descansamos hasta corregirlos”, Joseph Pulitzer.

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